El pasado miércoles 19 de noviembre, la plataforma Desarrollo y Región del Instituto de Desarrollo Regional (IDR) realizó el último encuentro de su ciclo 2025 con un interrogante que sintetiza la tensión política de la actualidad: “Argentina 2025: ¿Cambio de ciclo o de era?”. El webinar contó con la participación del consultor político Carlos Fara, el periodista Damián Schwarzstein, y la moderación de Juan Carlos Venesia, Director del IDR.
Un país ante una reconfiguración profunda
La apertura de Juan Carlos Venesia marcó el espíritu de la jornada: Argentina vive un momento excepcional, atravesado por transformaciones políticas, económicas y sociales que obligan a repensar categorías tradicionales del análisis político. La pregunta de fondo –si se trata de un giro más en el péndulo argentino o de un punto de inflexión histórico– atravesó todo el debate.
Venesia planteó que la irrupción de La Libertad Avanza y del presidente Javier Milei implicó una “disrupción” del sistema político, capaz de quebrar lógicas históricas del bipartidismo y posteriormente del bicoalicionismo. La sociedad, sostuvo, enfrenta el desafío de interpretar si este giro expresa un nuevo ciclo de alternancia o una mutación estructural más profunda, alineada con cambios globales que ponen en tensión a las democracias occidentales, el papel de la tecnología, y la emergencia de liderazgos disruptivos.
Carlos Fara: “La Argentina decidió correr un riesgo”
El consultor Carlos Fara coincidió en que Argentina no puede considerarse ajena al cambio de era global, marcado por la crisis de los consensos tradicionales, la aceleración tecnológica y la caída de las grandes narrativas políticas. Pero enfatizó que, dentro de ese marco, la elección de 2023 fue el resultado de una decisión social inédita en la historia reciente: apostar por un liderazgo sin estructura, sin partido, sin territorio y sin experiencia de gestión.
Fara subrayó que Milei se convirtió en el primer dirigente desde 1946 capaz de penetrar el voto peronista sin aparato territorial, lo que configura un fenómeno político nuevo, no replicable en la lógica tradicional de acumulación política. Esa apuesta, explicó, expresa “una sociedad que quiso creer” y que encontró en Milei la posibilidad de romper con un modelo que percibía como agotado tras veinte años de alternancias sin resolución de los problemas estructurales.
El consultor describió también otro rasgo clave del clima social: la ansiedad por el ascenso social, visible en conductas de consumo incluso en un contexto de ajuste. Para él, ese impulso marca un contraste con dinámicas más conservadoras del pasado.
Respecto del futuro, advirtió que nadie puede prever la estabilidad del nuevo escenario:
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La volatilidad del electorado,
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La influencia de las redes sociales,
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Y la posibilidad de giros abruptos en pocos días de campaña, hacen que cualquier pronóstico sea incierto. “No sabemos qué puede pasar los 20 días antes de una elección”, afirmó, recordando experiencias internacionales recientes.
Damián Schwarzstein: “La sociedad dejó claro en qué ya no cree”
Schwarzstein retomó una idea que había planteado meses atrás: la posibilidad de un “posmileísmo” surgido desde los gobernadores, especialmente a partir del discurso de Maximiliano Pullaro en Agroactiva. Pero el periodista afirmó que las elecciones de octubre mostraron que ese escenario todavía no maduró: la sociedad ratificó al gobierno y demostró que no está dispuesta a abandonar el experimento Milei.
Para él, el voto de 2025 fue un mensaje doble:
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La voluntad de sostener el rumbo del gobierno, pese a los costos del ajuste.
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El rechazo definitivo a las alternativas tradicionales, que no lograron ofrecer renovación ni credibilidad.
El periodista destacó que, aun con errores políticos graves —como el conflicto por el “tuit de Libra”— el gobierno preservó un elemento que la sociedad valoró por encima de todo: la baja de la inflación. Ese logro actuó como estabilizador emocional y político.
También subrayó un fenómeno inédito: la conversión de Estados Unidos en un actor determinante para la estabilidad del gobierno de Milei, algo que reconfigura la histórica distancia entre el electorado argentino y las agendas norteamericanas. No es casual, recordó, que Donald Trump registre hoy índices de imagen más altos en Argentina que en su propio país.
Finalmente, Schwarzstein advirtió sobre un debate profundo a nivel global: la tensión creciente entre democracia y libertad, impulsada por sectores del capitalismo tecnológico que consideran que los sistemas representativos ya no maximizan la eficiencia económica. Esa tensión, argumentó, constituye uno de los núcleos del cambio de época.
Redes sociales, miedos y volatilidad: el nuevo ecosistema político
Ambos analistas coincidieron en que las redes sociales aceleran procesos de opinión pública, amplifican los miedos y acortan el tiempo político. Fara ejemplificó con un dato notable del día de la elección:
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El 40% de los votos se emitió entre las 15 y las 18 horas,
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En un horario en el que históricamente la participación cae,
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Impulsado por estímulos digitales que movilizaron al electorado.
Esa dinámica —que combina emocionalidad, comunicación directa y liderazgos personalistas— explica por qué los ciclos políticos podrían volverse más breves y por qué los partidos tradicionales enfrentan un desafío existencial.
¿Es posible construir políticas de Estado en este contexto?
Sobre el final, ambos invitados coincidieron en que el país enfrenta una tensión compleja:
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Una sociedad pragmática y demandante de resultados inmediatos,
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Liderazgos con ciclos cada vez más cortos,
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Fragmentación, polarización y volatilidad,
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Y una estructura productiva aún en debate frente al nuevo modelo económico.
En palabras de Fara, Argentina suele construir consensos por resultado, más que consensos programáticos. Si la estabilización económica perdura, podría emerger un nuevo consenso, con posteriores contrapesos para atender los costos sociales y productivos del modelo. Pero esa posibilidad depende de un equilibrio difícil de alcanzar.
Un cierre orientado al futuro
La actividad concluyó con un mensaje de Juan Carlos Venesia, quien destacó que el verdadero desafío —sea cambio de ciclo o de era— es construir un modelo de desarrollo inclusivo, democrático y sostenible, que incorpore a todos los argentinos.
Además, anunció que en 2026, año en que el IDR celebrará su 30° aniversario, las plataformas y encuentros del Instituto se renovarán con nuevos formatos híbridos y una presencia ampliada para continuar generando espacios de reflexión y debate.